martes, 18 de diciembre de 2012

Armas de destrucción masiva

Juan Manuel Castillo

El pasado viernes 14 de diciembre tuvo lugar una de las matanzas más crueles y sangrientas en la historia de los Estados Unidos. Un joven de la ciudad de Newtown (Connecticut) asesinó a 27 personas, 20 de los cuales eran niños, y decidió suicidarse después. Entre las personas a las que asesinó también estaba su madre. Desgraciadamente este hecho no suena a nuevo. Hace a penas unos meses tuvo lugar otra masacre de características similares en el preestreno de la película Batman, en Denver. Estos son sólo un par de ejemplos de tantas otras barbaries cometidas en el país de las oportunidades en los últimos 30 años (más de 20 masacres en este tiempo).

Con estos datos, los ciudadanos de Estados Unidos deberían preguntarse qué están haciendo mal. Según las estadísticas, hay más muertes por este tipo de matanzas que por las guerras que mantiene su ejército por medio mundo. Se solicitan créditos para comprar un revólver, en España te regalan una inofensiva vajilla por pedirlo. 

Parece un poco hipócrita ver como el presidente de esta gran potencia mundial, Barack Obama, condena estos hechos y no piensa en las miles de personas que mueren cada día por el uso de las armas de los soldados estadounidenses repartidos por varios países de Oriente Medio. Pero claro, eso es otra historia.

Lo sucedido el viernes debería suponer un punto de inflexión no sólo para el gobierno de los Estados Unidos, sino también para toda la sociedad. ¿Merece la pena poder tener una pistola en el bolsillo a cambio de nuestra propia tranquilidad? ¿De verdad no es una falta de responsabilidad que los niños sepan que hay pistolas en casa?

No podemos ser partidarios de que los civiles sean portadores de armas. El problema es que para muchos ciudadanos estadounidenses tener un revólver es como ganar un premio. Poseer un arma significa para ellos protección, contar con un salvavidas para sí mismos y sus familias. Lo que no saben es que estas armas también se convierten en la solución a todos sus problemas: es tan fácil como apuntar con un arma y ponerte a pegar tiros.

Las "armas de destrucción masiva" las tienen en sus propios hogares, en su propio país, en sus casas, en sus vidas... y no donde buscaba ese mediocre republicano de George Bush. Y no olviden que: "lar armas las carga el diablo", o eso dice el viejo refranero español. 


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