El sistema económico español cuenta con instituciones ineficientes desde hace décadas. Ineficiencias que no sólo estaban ocultas bajo los efectos de una burbuja inmobiliaria a la que se le acusa de todos nuestros males, sino que además resultaban idóneas para que el ladrillazo se continuara inflando. Y así, suma y sigue.La realidad es que todas las reformas a las que se nos obligan no modernizan nuestro país, sólo nos fuerzan a reparar los "destrozos" que la burbuja inmobiliaria y nuestros queridos políticos han provocado.
Hoy, decido centrarme en lo que desde mi punto de vista es nuestro mayor reto y nuestra más inmensa incertidumbre: reparar el capital humano dañado por culpa de la tan nombrada crisis. Todo el mundo habla de la necesidad de ayudar a los bancos para que la sociedad pueda emerger del gran agujero en el que se encuentra. Pero, ¿qué sucede con el daño que se le ha hecho a esta sociedad con la crisis? ¿quién la ayuda a repararse a sí misma?
Durante la burbuja inmobiliaria, muchos jóvenes abandonaron los estudios de forma prematura para trabajar en el sector de la construcción. Ahora que la burbuja se ha desinflado, se han ido al paro y se encuentran con un capital humano insuficiente para poder reconducir su vida laboral a otro sector con más futuro.
¿Y cuántos son estos jóvenes en paro y sin formación? Si miramos los datos de la última EPA, nos encontramos con números sencillamente escalofriantes: en España existen más de 920.000 jóvenes menores de 29 años que ni siquiera han completado los estudios obligatorios. Pero lo que es más grave: de ellos, más de 800.000 no están llevando a cabo ninguna acción formativa. Sin formación básica es muy difícil que consigan encontrar trabajo.
Los datos son, cuanto menos, desalentadores, teniendo en cuenta que aquí el tiempo es crucial haciendo prácticamente imposible su reciclaje profesional. O actuamos con rapidez y determinación o es posible que a muchos de ellos los perdamos para siempre. No olvidemos que las tasas de paro de nuestro país rebasan ya los cinco millones de desempleados.
Siempre he pensado que no hay gasto más productivo que invertir en el capital humano de todos estos jóvenes, de éstos y de todos aquellos que cada día se esfuerzan por alcanzar un futuro mejor que el que parece alumbrarnos. Porque tal vez no existe otro momento en el que nuestras convicciones sean más fuertes o en el que seamos capaces de lograr nuestros sueños, al menos no como ahora.
Para concluir, quiero hacer una reflexión tal vez un tanto ventajista. Los recortes, las "reformas" no cesan, y todos y cada uno de nosotros nos quejamos de ello. Todos los días las portadas de los periódicos, las tertulias en radio y los programas de televisión clamamos justicia para nuestra sociedad. Pero mientras tanto, llevamos ya más de cinco años de crisis y nadie hace nada para solucionar el problema de este millón de jóvenes que corren el riesgo de convertirse en una generación olvidada. Nadie hace nada por esta perdida y olvidada generación ni por los otros cientos de miles de jóvenes que luchan cada nuevo día por un futuro mejor. ¿Por qué ocurre esto? Tal vez porque son sólo eso, jóvenes.
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